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Éxito de la restricciones depende de factores económicos y sociales

Después de más de cien días de toques, estados de sitios y días de cierre totales, la pandemia del covid-19 no cede, lo cual hace que la población se pregunte si los confinamientos han sido en vano y por qué una parte de la población no ha cumplido.   

El sociólogo y doctor en Dinámica Humana, Antonio Mosquera, explica que el confinamiento del país no ha sido total, porque el Gobierno en los diferentes estados que han decretado siempre “han habido jornadas de libre tránsito durante el cual determinados grupos humanos se han podido movilizar” y que el área rural no ha existido.

El sociólogo considera que solo un reducido grupo, con posibilidades económicas, han podido mantenerse en su casa, otros tratan de cumplir con esa intención “en la medida sus posibilidades”, pero que la gran mayoría  debido a la pobreza “se ve obligada a asistir a mercados y otros lugares donde hay aglomeración para ganarse la vida y con ello se exponen al contagio del virus”.

No somos un país homogéneo

El también sociólogo y doctor en Administración Pública Rokael Cardona, asevera que uno de los problemas más grandes de los gobernantes es que desconocen la realidad social y antropológica del país y por esos ordenan las mismas normas para todos, cuando en realidad somos una nación muy diversa. “Muestra de ello es hay más de 100 municipios que no tienen coronavirus”.

Cardona opina que lamentablemente el Estado de Guatemala siempre ha tenido la visión de que “somos un país homogéneo, al cual se le puede decir lávense las manos y quédense en sus casas” y  que todos van a escuchar el mensaje y van a obedecer. “Esto no se va a cumplir porque somos enormemente heterogéneos”.

“El Estado no ha logrado ver y entender esa diversidad y la manera de hacerlo es a través de la descentralización y la autonomía. Yo no puedo pretender organizar a Estanzuela, Zacapa, de la misma manera que San Juan Atitán, en Huehuetenango, porque son diferentes” asegura el sociólogo.

Al igual que Mosquera, Cardona, explica que dentro de esa diversidad, también se registran las grandes diferencias económicas, pues dentro de la estructura social y económica se encuentran los obreros que tienen que salir a trabajar en la industria y ahí no siempre les dan permiso, porque hay trabajos que no se pueden hacer desde la casa, por ejemplo repartidores de comida.

Cardona dice que en estos momentos toma vigencia la frase de que la “norma no hace a la realidad”, porque sí así fuera el gobernante decretara cualquier regulación y todo se cumple de acuerdo con esa orden que busca persuadir y regular, “pero hay condiciones más determinantes como la alimentación y donde vivir”.

“Entonces, por más que la norma lo diga, pero si las condiciones de vida materiales de la gente son deprimentes, no va a hacer caso, y no es que no quiera cumplir, sino económicamente, cultural y socialmente la persona busca sobrevivir”, indica el sociólogo.

Cardona remarca que Guatemala tiene clases sociales bien definidas, algunas que tienen todo, desde pilotos hasta servicio doméstico, y por el otro lado están los que alquilan un cuarto para vivir, por ejemplo, las personas que viven en la zona 8 y que si no salen a vender a La Terminal no pueden comer y pagar la renta”.

Cardona resalta que uno de los grandes deficiencias de los funcionarios públicos es que no conocen el país, han viajado a Europa y otross países, pero desconocer la realdad nacional poruq nunca han viajado a la provincia. “Si mucho han visitado Quetzaltenando, pero eso no los hace que conozcan el pais y su diversidad social y cultura”.

Es el momento de plantear la economía popular

El sociólogo y experto en Desarrollo Social, Adrián Zapata, considera que las medidas sanitarias impulsadas por el Gobierno “son racionales”, pero que como consecuencia de estas quienes han recibido el impacto, “son los mismos de siempre o sea más del 70 por ciento de la población económicamente activa que vive de la economía informal pues esa gente después de unos días ya no tiene recursos para alimentarse y por lo tanto sale a las calles”.

Zapata considera que esta es una oportunidad para que replantear el apoyo a la economía popular en la cual está involucrado la mayoría de los guatemaltecos, lo cual se ha reflejado durante esta crisis con la cantidad de personas que concentran en los mercados y en el transporte de productos agrícolas. “Que no se repita la lógica que apoyando a los sectores más dinámicos de la economía se va a lograr esa apertura”.

Según Zapata más que si las medidas sanitarias están funcionando, la discusión que se debe tener es sobre cómo se van a abordar la secuela que dejará la pandemia y cómo encararlos, ¿regresando a la visión económica del derrame o se prioriza la economía popular, porque la discusión sobre si las medidas sanitarias han afectado o no la economía en general y particularmente a los pobres es indiscutible, pero eso no es por la pandemia sino por las condiciones estructurales acumuladas”

El sociólogo considera que esta realidad que está viviendo Guatemala no es consecuencia de la pandemia, sino de la acumulación de problemas estructurales de la pobreza y desigualdad que no han sido abordados. “Es el resultado de la exclusión y desigualdad histórica acumulada, por décadas”.