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Carlos Marroquín era nexo entre pandillas y Alcaldía, cuando Bukele gobernó SS

Carlos Marroquín actual Director de Reconstrucción del Tejido Social en el Gobierno de Nayib Bukele, era el nexo entre las pandillas y la Alcaldía, en el período que el Alcalde gobernó la capital de El Salvador.

Marroquín o el Slipt, su nombre artístico de grafitero y cantante de rap, se comunicacba con los líderes de las pandillas para solicitar los permisos necesarios para que Bukele entrara sin problema a las zonas controladas de San Salvador.

Los contactos entre Nayib Bukele y las pandillas comenzaron en noviembre de 2014, en medio del fragor de la competición por la Alcaldía, y motivados por un candidato que no era Nayib Bukele.

El domingo 9 de noviembre de ese año el candidato de ARENA, Edwin Zamora, tenía programada una actividad proselitista en la colonia IVU, uno de los barrios bravos de la capital, gobernado por la facción Revolucionarios del Barrio 18. Pero horas antes de iniciar el evento se vio obligado a suspender la actividad alegando “razones de seguridad” .

El equipo de campaña de Bukele vio en aquel episodio una derrota de su adversario, que pretendía gobernar una ciudad a cuyas colonias ni siquiera podía entrar a pedir el voto, y convirtió la entrada a la IVU en un objetivo prioritario con el que mostrar que su candidato sí podía pasearse con confianza a lo largo y ancho de la capital.

Pero entrar a la IVU como Juan por su casa es un acto temerario, y hacerse acompañar por un escuadrón de escoltas privados y policías lo haría lucir, en plena campaña, poco popular. Se necesitaba a alguien con las conexiones necesarias para preparar el terreno y garantizar que una exhibición de confianza no se convirtiera en un ridículo. Desde luego, ninguno de los capitanes de comunicación, marketing o estrategia de Bukele sabía un nombre o un teléfono de alguno de los bichosinfluyentes de la colonia. Hasta que se ofreció a sí mismo un muchacho de pelo largo, líder de la Barra Brava del Alianza y cantante de hip hop, que aseguró que, producto de sus conexiones en la hinchada alba y de sus actividades como organizador de artistas urbanos, tenía algunos teléfonos que marcar.

Funcionó. Al cabo de algunos intentos, Carlos Marroquín —conocido en los ambientes raperos como Slipt— consiguió que los pandilleros de la IVU autorizaran la presencia de Bukele. Cinco días después, el entonces candidato recorrió orondo y triunfal los pasajes de la IVU con apenas un equipo mínimo de seguridad personal y con su esposa de la mano, prodigando sonrisas y seguro de haber ganado la partida a su contendiente. Carlos Marroquín era el nexo de

A cambio de la bienvenida, la pandilla pidió un mínimo: una fiesta infantil para los chiquillos de la colonia, con piñatas y juegos. El candidato accedió. Valía la pena. También recibieron un listado, elaborado por la pandilla misma, con una serie de solicitudes encaminadas a ofrecer trabajo, formación y entretenimiento para los jóvenes de la colonia. El Barrio 18 Revolucionarios estaba probando el terreno.

No solo Bukele ganó con aquella entrada simbólica, sino también Slipt: su arrojo y su eficiencia para abrir puertas difíciles no pasaron desapercibidos para el candidato y, a partir de ese momento, se coló en su círculo de confianza y se perfiló como un gran solucionador de problemas. De problemas con las pandillas.

“Ahí fue cuando el Slipt subió de nivel. Cuando pasó lo de la IVU, Slipt sacó la cabeza”, recuerda uno de los miembros del equipo de campaña de Bukele.

Así que cuando hubo que preparar el terreno para entrar a comunidades como la Quiñónez, Fenadesal y El Coro —que forman parte de ese enorme entramado urbano conocido como La Chacra—, tuvo que entrar en acción Slipt: normalmente tenía algún contacto que desembocaba en otro contacto y así, hasta dar con alguien —preso o libre— con la autoridad suficiente para garantizar ingresos seguros.

El método implicaba una enorme dispersión de esfuerzos, sin mencionar que el éxito de cada gestión dependía del carácter o de los intereses de cada líder de clicao de programa. Por eso escucharon a Raúl Mijango, mediador de la Tregua de 2012, cuando les dio un consejo. Según personas que participaron en algunas reuniones entre el mediador y miembros del equipo de campaña de Bukele, Mijango les dijo que en lugar de perder el tiempo intentando localizar al pandillero que manda en cada cuadra, lo ideal era entrar en diálogo directo con los voceros nacionales designados por cada pandilla. Esa nueva estrategia permitiría focalizar las gestiones y darles continuidad. Ofrecía además una enorme economía de esfuerzos.

Algunos miembros de la campaña de Bukele, como Celina Guerra —proveniente de la esfera del FMLN—, Mario Durán y el propio Slipt, habían tenido algunos acercamientos, a través de la oenegé Interpeace, con Mijango y lo que quedó del equipo gestor de la Tregua con pandillas, que a finales de 2014 estaba ya desmontada y vilipendiada. Interpeace había sido de las principales fuentes de recursos para la Tregua: pagó el salario del principal mediador, Mijango, el de algunos de sus asistentes, y un local en la Zona Rosa donde operaba la “Fundación Humanitaria”, la figura institucional que dio cobijo a las actividades de Mijango como mediador entre las pandillas y el Gobierno del entonces presidente Mauricio Funes. Según fuentes de la alcaldía, el equipo de Bukele había sostenido algunas reuniones en la Fundación Humanitaria con la idea de explorar la implementación en San Salvador de un proyecto de interruptores de violencia, siguiendo el modelo de la Alcaldía de Los Ángeles en Estados Unidos.

Slipt tomó el consejo de Mijango y lo puso en práctica: en lugar de picotear contactos dispersos se abocó a la fuente de poder. En aquel momento, las ranflasen libertad de las tres grandes pandillas salvadoreñas todavía conservaban espacios de encuentro y, pese a su histórica enemistad, solían reunirse con frecuencia y tomar decisiones en conjunto. Por ejemplo: habían negociado juntos hacía un año con Arena con el FMLN , cuando ambos partidos se acercaron a pedir respaldo electoral de estas estructuras criminales durante la campaña presidencial que llevó a la presidencia a Salvador Sánchez Cerén.