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Autoritarismo y violaciones a DDHH de Bukele podrían trastocar la cooperación de EUA.

Cynthia Arnson, directora del programa para América Latina del Woodrow Wilson Center cree que la cooperación de Estados Unidos con El Salvador podría tener un impacto si la administración Bukele sino corrige el rumbo.

El Salvador atraviesa por dos crisis: la pandemia del covid-19 y la confrontación entre los tres poderes del Estado. Ambas traerán al país consecuencias lamentables y con repercusiones políticas y económicas a largo plazo.

Según la funcionaria norteamericana, Cynthia Arnson, el plan de la administración de Donald Trump en el tema migratorio, logrado de los primeros gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras; podría sufrir un vuelco con una revisión más exhaustiva desde el Congreso y el Senado para el próximo año.

A esto se le suman las denuncias de violaciones a derechos humanos y claras señales de autoritarismo en el gobierno de Nayib Bukele, que en estos días llegan a raudales a través de denuncias ciudadanas y medios de comunicación a Estados Unidos, lo cual podría trastocar la cooperación.

De acuerdo a Arnson, en días recientes, congresistas de las bancadas demócrata y republicana, giraron una carta al Departamento de Estado para pedir al Secretario de Estado Mike Pompeo, revisar la situación de El Salvador sobre derechos humanos y apego al estado de derecho. Además de informar sobre el tema de cooperación de las agencias estadounidenses en el país.

EUA vigilante de El Salvador

El Woodrow Wilson Center en Washington, se mantiene vigilante de la crisis sanitaria en la región y los derechos humanos, junto al abordaje de los mandatarios para controlar la pandemia.

La representante de esta organización, señala que en este tema, hay un círculo de personas  preocupadas por las medidas recientes y “francamente arbitrarias del presidente Nayib Bukele” para contrarrestar la pandemia.

Para Arnson, “al principio, se vio con muy buenos ojos su administración por ser algo diferente y como muchos otros países de América Latina que surgió de un proceso de voto de castigo a los partidos tradicionales, que se han visto como corruptos e ineficientes y que no lograron resolver los problemas del día a día de los ciudadanos. Entonces había una mente muy abierta para ver cómo iba gobernar”.

Sobre la intolerancia del mandatario salvadoreño contra quienes opinan diferente, Arson afirma que las dudas comenzaron cuando mandó a militarizar la Asamblea Legislativa a inicios de año. “Esto fuevisto y creo que a propósito, como una medida de intimidación para el Legislativo de El Salvador”, sostiene.

La crisis de la pandemia y la forma de gobernar de Bukele pone en riesgo los avances de la institucionalidad y el respeto a la separación de poderes, pero el presidente en vez de construir sobre esa base e ir avanzando en el fortalecimiento de la democracia, está concentrando muchísimo poder en sus manos y descartando por completo los poderes de control a su gobierno. “Es preocupante que emita sus órdenes por Twitter en la noche, y está buscando concentrar todo el poder político en sus propias manos”.

 “Bukele tenía una oportunidad y creo que todavía la tiene, de crear consensos sobre la forma de responder justamente para preservar vidas y garantizar ingresos a los trabajadores formales e informales”, dijo Arnson.

En el tema de transparencia, opina que el gobierno salvadoreño ha sido criticado la falta claridad en el manejo de la pandemia y  ha mostrado poca  cooperación en este tema.

“Yo todavía no he perdido la esperanza, creo que para cualquier presidente la pandemia es un reto tan enorme que en algún momento (Nayib Bukele) va reconocer que necesita aliados para avanzar”.La directora del Woodrow Wilson Center en Washington, manifiesta que  si bien la democracia salvadoreña aún tiene enormes desafíos por delante, “con todos sus defectos el país, principalmente el tema de la corrupción y  la dirección autoritaria del gobierno de Bukele, es preocupante en el congreso, sobre todo por la visión bipartidista”.